El Centro de Congresos de Vilna reinterpreta la tipología tradicional del klojimo teatras —el teatro-granero lituano— para convertirla en una nueva infraestructura cívica contemporánea: un lugar concebido para reunir, acoger y dar forma a la vida pública. Inspirado en una tradición de resistencia cultural silenciosa, el proyecto transforma las prácticas comunitarias más íntimas en una presencia urbana significativa y acogedora junto al río.
La propuesta organiza tres auditorios lineales en torno a un único eje cívico, conectados por un gran vestíbulo de alturas variables que prolonga el parque hacia el interior del edificio. Gracias a las amplias superficies acristaladas, la abundante luz natural y la presencia de vegetación, los límites entre interior y exterior se diluyen, generando una experiencia espacial abierta y permeable. Una gran cubierta de madera a una sola agua, inspirada en la arquitectura vernácula local, unifica el conjunto y articula una secuencia de espacios públicos compuesta por vestíbulos luminosos, terrazas, áreas de encuentro informales y una escalera helicoidal de carácter escultórico que conduce a un balcón concebido como espacio de relación y contemplación. Las funciones de apoyo —áreas técnicas, oficinas, espacios VIP y servicios de producción— se concentran en una espina funcional discreta que libera las zonas públicas, permitiendo que estas sean abiertas, flexibles y llenas de luz. En la cubierta, un jardín elevado y un restaurante abierto a la ciudadanía conforman un auténtico mirador urbano con vistas panorámicas sobre el río y la ciudad, transformando la azotea en un espacio accesible y activo tanto para el uso cotidiano como para eventos especiales.
El proyecto se concibe como una continuidad urbana que va más allá del propio edificio. El complejo incorpora un hotel de 120 habitaciones, recorridos peatonales, un embarcadero fluvial y calles compartidas que fortalecen la conexión entre la ciudad y el río. Los auditorios ofrecen espacios acústicamente optimizados y altamente adaptables, mientras que la incorporación de particiones móviles, sistemas independientes y accesos de servicio específicos permite el funcionamiento simultáneo de múltiples eventos con total eficiencia. La sostenibilidad constituye uno de los pilares fundamentales de la propuesta. El empleo de madera contralaminada reduce significativamente la huella de carbono asociada a la construcción y agiliza los procesos de ejecución. A ello se suman estrategias pasivas de diseño para minimizar la demanda energética, así como la integración de paneles fotovoltaicos, sistemas geotérmicos y soluciones de climatización que aprovechan el río como recurso térmico. El resultado es un centro de congresos resiliente, eficiente y de bajas emisiones.
Más que un edificio, el proyecto aspira a convertirse en un escenario para la cultura, un refugio para la comunidad y un catalizador de la vida urbana: un paisaje cívico abierto donde convergen el diálogo, la actividad cultural y la energía cotidiana de la ciudad.